Aún
está oscuro allá afuera. Sólo hay uno que otro gallo cantado anunciado el día,
pero ¿cuál día, si todavía está la luna brillando en la fría noche? Sin
importar lo temprano que es, igual tengo que levantarme para ir a la
escuela. ¿Qué, otro ruido más? Parece que ahora es turno del despertador porque
suena forzándome a dejar el sueño. No quiero salir de la cama, sino que
prefiero seguir durmiendo sin preocuparme del tiempo. Nuevamente se oye aquel
ruido molesto e insistente que me hace olvidar mi ilusión de quedarme un rato
más a dormir. Ya decidido, o mejor dicho obligado, me pongo de pie diciéndome
la misma frase de todos los días: ¡que comience la rutina...!
Reviso la hora y después me dispongo a escuchar la radio con
los audífonos. Voy a la cocina, evitando de no hacer mucho ruido para no
despertar a mis padres y a mi hermana, aunque mis esfuerzos parecen en vano
porque por las escaleras se ve una luz que parece venir de una habitación.
Efectivamente, he despertado a alguien, pero no me preocupa tanto, así
que me dirijo a desayunar.
Aún en pijama, voy al baño de la planta baja para lavarme
los dientes. La música de la radio parece darle sentido a la búsqueda del
cepillo y la pasta dental en la habitación oscura. Por alguna razón no enciendo
la luz al estar en el baño.
Al terminar subo las escaleras y me doy cuenta de que la luz
del otro baño está encendida. Entro para apagar la luz y en lo que lo hago una
figura extraña se refleja en el espejo. La luz está apagada y no vi quién o qué
se reflejó; lo común es que yo me hubiera reflejado, pero no fue así. Con
miedo prendo la luz y...
—¡Ah!
—¿Por qué gritas? ¿Todo está bien?
—Sí, mamá. Todo está bien.
¿Pero qué digo, cómo voy a estar bien si ahora soy... mujer?
Hubiera seguido así si no es porque mencionan la hora en la
radio. Voy rápidamente a mi habitación y busco ropa para cambiarme, pero toda
es de hombre. "Y ¿ahora qué hago?".
Busco en el guardarropa esperando encontrar algo que
ponerme, pero no hay nada. Salgo de ahí y voy a la habitación de mi hermana.
Sigilosamente entro y noto que ella sigue dormida, pero... ¿Tendrá ropa que me
quede? Después de un par de minutos, encuentro algo de ropa, un par de tenis y
una mochila tipo bolso. Sin hacer mucho ruido regreso a mi habitación dispuesto
a vestirme, aunque sé que resultará difícil.
Me costó bastante arreglarme, pero lo logre; sin embargo, el
tiempo no se detuvo y yo, con tal incomodidad de traer ropa ajena, tenía que
salir en ese instante rumbo a la escuela sino quería llegar tarde.
Sin avisar a mis padres, salgo de mi casa y me dirijo a la
estación de autobuses. Afuera de mi casa todo parece normal y no un sueño, que
era lo que yo esperaba. Sin más, tome el bus y durante el viaje me puse a
pensar sobre este cambio. Y ¿ahora qué va a pasar?

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