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lunes, 23 de febrero de 2015

Tres melodías y algo más

Una vez escuche a alguien decir: ¿qué tan importante es la música en la vida?, sin embargo no le puse atención, ya que me parecía una pregunta tonta. Pero hoy llega nuevamente a mi cabeza y esta vez ocupa más tiempo porque tarda en irse. Supongo que debe ser importante, sino no estaría molestándome esta tarde.
Se me hace gracioso el hecho de que venga a mi mente tal interrogante, porque me recuerda ciertas experiencias. Nada más falta que suene el harpa. ¡Vaya!, hasta para recordar hay música.
¡Ay no, esa canción! ¿Por qué tiene que sonar en este momento en la radio? Bueno... creo que no puedo culpar a la radio por esa canción, tal vez...
—¡Toño! Ya está lista la comida. Dice mi mamá que bajes.
—Sí, está bien hermanita. Voy.
—Ha pasado bastante tiempo y Toño no termina de comer. ¡Claro!, seguramente no quiere hablar más de la canción que sonó en la radio o de sus experiencias. Me imagino que para él es sentimental hablar de las experiencias. ¡Ah!, por cierto, no me he presentado, solamente soy una parte de Antonio, aunque él no quiera admitirlo. Creo que ahora a mí me toca narrar la historia ya que Toño está indispuesto haciendo no sé qué cosa, seguro la que sea con tal de no estar aquí.
¿Por dónde empezar? Antonio es un joven que estudia en la preparatoria y pronto pasará a la universidad. Él tiene una hermana menor con la cual se lleva bien la mayor parte del tiempo. ¿Qué más  puedo agregar? Supongo que eso es todo para contextualizar las siguientes historias o melodías, como a él le gusta llamar.
La primera canción surgió cuando conoció a una chica. Hace unos meses Antonio decidió ser amable con la nueva alumna, era muy linda debo decir,  así que poco a poco la fue conociendo y sin avisar un viernes el amor llegó. La melodía que sonaba durante ese tiempo era bastante cursi. ¿Qué podíamos hacer?, si era amor; aunque yo me sentía empalagado
Los días se volvieron semanas y las semanas en meses. Recuerdo varios momentos agradables, así como las risas, los paseos, los regalos e incluso los besos —que por cierto no estaban nada mal. Todo era maravilloso hasta que una discusión surgió, lo último que recuerdo es a ella diciendo: ¡es que tú no me comprendes!

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