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miércoles, 18 de marzo de 2015

¿Soy ella?


Empieza otro día y yo sigo acostada. Me cubro la cara con las sabanas en cuanto siento que la luz del sol me lástima. Sin más, me levanto de la cama, bostezo un par de veces, me rasco suavemente una posadera y camino por el estrecho pasillo que va del dormitorio hasta la sala. Al llegar ahí, escucho unos pasos que se dirigen hacia mí y giro la cabeza.
—¡Vaya! Hasta que despiertas —me dice con asombro mi mejor amiga mientras se seca el cabello—. Aún hay agua caliente para que  te bañes porque te ves espantosa. 
Normalmente ella es así por las mañanas. Las bromas, y uno que otro cumplido, son parte del entusiasmo que tiene antes de ir a la escuela. Es su manera de comenzar el día.
Antes de seguir, debo mencionar que ya van cuatro semanas que somos compañeras de departamento y, aunque no a sido nada fácil, principalmente por el pago de la renta, nos llevamos tan bien que nos volvimos mejores amigas. Sin embargo, aún siento algo por ella y no me atrevo a decirle porque no sé cómo hacerlo, y que tal si en algún momento me llegan a gustar los hombres. Bueno ya no me preocupo más por eso porque, como dicen por ahí, "la vida sigue".
También quiero añadir que mi hermana y mi mejor amigo saben de mi condición actual, y sí, fue difícil decirles. Ahora, sólo es necesario comentar que en las noches me comunico por red social con mi hermana (por cierto, ella me ayudó desde el principio con su ropa y a demás tranquilizaba a mis padres porque yo no llegaba a la casa), y en cuanto a mi amigo, platicamos cuando lo veo en la escuela o por internet.
Al llegar a la cafetería escolar, nos reunimos con nuestras amigas y platicamos hasta que llega el momento de ir a clase. Ya hasta la tarde nos volvimos a ver para comer y en ese momento mi mejor amiga me menciona que alguien la invitó a salir. Ella no quería ir sola, así que me propuso que la acompañara en una cita doble. Lo que me dijo sí que fue una doble sorpresa: alguien la invita a salir y a mí me consiguen una cita. ¡Vaya situación! La verdad yo no quería aceptar, pero tenía que apoyarla, así que le dije que sí.
Ha pasado una semana y eso quiere decir que esta tarde hay una reunión pendiente. Ella se está arreglando y yo le digo que se ve bien aunque no me lo quiere creer. Entre tanto cambio de ropa le pregunto  ¿quién va a ser mi pareja?, a lo que ella contesta "me dijo él que su amigo te conoce porque estudiaban en la misma preparatoria". Seguramente no lo conozco a él ni a su amigo, pero que más da, sólo falta una hora para reunirse con ellos.
Son las seis de la tarde y ambas vamos al encuentro de ellos. En un instante los vemos y ella se ve emocionada, mientras que yo me mantengo serena. Ellos nos saludan con una sonrisa como de comercial y nos invitan a pasar al cine. Ella me dice susurrando "nada feos, verdad". Por simpatía no digo nada, pero esos ciento veinte minutos se convierten en los más incómodos de mi vida. Al terminar la película, los cuatro salimos del cine y ellos nos van a dejar al departamento. Esa noche de luna llena, mi mejor amiga y yo, nos sentíamos extrañas y confundidas porque ambas terminamos besando a los dos jóvenes. Creo que a mí me tocó un beso francés.


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