Empieza otro día y yo sigo acostada. Me cubro la
cara con las sabanas en cuanto siento que la luz del sol me lástima. Sin más,
me levanto de la cama, bostezo un par de veces, me rasco suavemente una
posadera y camino por el estrecho pasillo que va del dormitorio hasta la sala.
Al llegar ahí, escucho unos pasos que se dirigen hacia mí y giro la cabeza.
—¡Vaya! Hasta que despiertas
—me dice con asombro mi mejor amiga mientras se seca el cabello—. Aún hay agua
caliente para que te bañes porque te ves espantosa.
Normalmente ella es así por las
mañanas. Las bromas, y uno que otro cumplido, son parte del entusiasmo que
tiene antes de ir a la escuela. Es su manera de comenzar el día.
Antes de seguir, debo mencionar
que ya van cuatro semanas que somos compañeras de departamento y, aunque no a
sido nada fácil, principalmente por el pago de la renta, nos llevamos tan bien
que nos volvimos mejores amigas. Sin embargo, aún siento algo por ella y no me
atrevo a decirle porque no sé cómo hacerlo, y que tal si en algún momento me
llegan a gustar los hombres. Bueno ya no me preocupo más por eso porque, como
dicen por ahí, "la vida sigue".
También quiero añadir que mi
hermana y mi mejor amigo saben de mi condición actual, y sí, fue difícil
decirles. Ahora, sólo es necesario comentar que en las noches me comunico por
red social con mi hermana (por cierto, ella me ayudó desde el principio con su
ropa y a demás tranquilizaba a mis padres porque yo no llegaba a la casa), y en
cuanto a mi amigo, platicamos cuando lo veo en la escuela o por internet.
Al llegar a la cafetería
escolar, nos reunimos con nuestras amigas y platicamos hasta que llega el
momento de ir a clase. Ya hasta la tarde nos volvimos a ver para comer y en ese
momento mi mejor amiga me menciona que alguien la invitó a salir. Ella no
quería ir sola, así que me propuso que la acompañara en una cita doble. Lo que me
dijo sí que fue una doble sorpresa: alguien la invita a salir y a mí me
consiguen una cita. ¡Vaya situación! La verdad yo no quería aceptar, pero tenía
que apoyarla, así que le dije que sí.
Ha pasado una semana y eso
quiere decir que esta tarde hay una reunión pendiente. Ella se está arreglando
y yo le digo que se ve bien aunque no me lo quiere creer. Entre tanto cambio de
ropa le pregunto ¿quién va a ser mi pareja?, a lo que ella contesta
"me dijo él que su amigo te conoce porque estudiaban en la misma
preparatoria". Seguramente no lo conozco a él ni a su amigo, pero que más
da, sólo falta una hora para reunirse con ellos.
Son las seis de la tarde y
ambas vamos al encuentro de ellos. En un instante los vemos y ella se ve
emocionada, mientras que yo me mantengo serena. Ellos nos saludan con una
sonrisa como de comercial y nos invitan a pasar al cine. Ella me dice
susurrando "nada feos, verdad". Por simpatía no digo nada, pero esos
ciento veinte minutos se convierten en los más incómodos de mi vida. Al terminar
la película, los cuatro salimos del cine y ellos nos van a dejar al
departamento. Esa noche de luna llena, mi mejor amiga y yo, nos sentíamos
extrañas y confundidas porque ambas terminamos besando a los dos jóvenes. Creo
que a mí me tocó un beso francés.

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