El
suave sonido de la noche y las luces que pasan sobre mi cara hacen grato el
momento. Cada vez está más claro el lugar. Mis ojos están cerrados pero aun así
me percato de la luz que entra por la ventana. Todo va bien hasta que un brusco
movimiento hace que mi rostro choque con un asiento. "¿Qué pasa?".
Resulta que iba dormitando en el autobús, y este frenó inesperadamente, pero
eso no es lo peor, sino que al despertarme me doy cuenta de que voy a llegar
muy tarde a la escuela. Eso sin mencionar que aún soy mujer.
"¿Mujer?". Definitivamente, esto no es un sueño.
Preocupado, llego a la escuela y sigo pensando en lo que
pasa, y…
—¿A dónde va, señorita?
Camino sin pensar que me están hablando y me detengo hasta
que veo en frente de mí al vigilante que está a la entrada de la universidad.
—Señorita, ¿a dónde va? ¿Trae su credencial? —me dice él aún
con paciencia.
Titubeo por un momento sin saber que hacer —la verdad es que
no pasó por mi mente que necesito la credencial para entrar, pero ¿de qué me
iba a servir si ahora soy mujer?, o al menos que este cuerpo viniera con una
identificación, eso hubiera facilitado está situación—. Sin pensarlo más, anoto
en la lista de entrada el primer nombre de mujer que se me ocurre seguido de la
palabra visitante.
El guardia me ve no muy convencido, pero aun así me dice
"adelante" (sinceramente, fue más difícil porque le tuve que dar una guajolota
y un jugo). En ese instante me dirijo al salón sin entrar porque ya es muy
tarde. En la siguiente clase, a la que sí entro, espero que alguien me
reconozca o al menos que me hable, pero eso no pasa. Cuando el profesor se
despide sin pasar lista, dos chicos me preguntan curiosamente algunas
cosas: ¿cómo te llamas?, ¿de qué carrera eres porque no te habíamos visto
antes?, ¿qué te parece la clase?, ¿tienes clase al rato?, ¿tienes novio?… Con
tales preguntas, ¿quién no podía incomodarse y más si a uno le siguen gustando
las mujeres?
Ese día sí que fue difícil porque me sentía un completo
desconocido, alguien irreconocible para mi familia y amigos; sin embargo, no
todo estuvo tan mal ya que tuve la oportunidad de platicar con alguien muy
especial, una chica que me gusta desde antes del trágico cambio, que al parecer
le agradé como mujer desde ese día. Platicamos el resto de la tarde y me
percaté de que compartíamos ciertos gustos. Cuando escucho más de lo que ella
me dijo, siento que me estoy enamorando y casi la beso, pero me hace una
pregunta a la cual contesto con una mentira, pues aún sigo confundido acerca de
quién soy yo. Sin saber cómo, ella me invita a dormir en su departamento para
que no regrese muy tarde a mi casa. Su gesto me quita un peso de encima porque
no podría regresar como mujer a mi casa. Ahora solo espero que mañana sea un
mejor día y esto se arregle pronto.

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