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miércoles, 25 de marzo de 2015

Una gran escena

—Acompáñame. Necesito ir al banco —me dice mi mejor amiga cuando cruzamos una de tantas calles que tiene Chapultepec.
         Al llegar, noto que el lugar es de prestigio, ya que tiene una incomparable infraestructura, un interior espacioso, un estacionamiento lleno de autos caros y unos clientes con buena condición económica. Nada más falta ver a alguien famoso por aquí. Por otro lado, la fila no es nada corta y hace que se aburra cualquiera que esté formado, como en nuestro caso.
Por fin llegamos a la caja; sin embargo, el momento de felicidad no dura mucho porque es interrumpido por tres objetos que rompen unas cuantas ventanas. La gente se ve aturdida por el gas que empieza a salir. En seguida, un fuerte ruido se hace presente en la puerta principal y entre el humo salen seis hombres con sendas pasamontañas que les cubre el rostro. La tensión aumenta con cada paso que dan los asaltantes. De repente, se oye un agudo sonido que sale de un M4 Carbine. El terrible disparo altera a todos y más a una señora (para no ofenderla digamos que tiene un ligero descuido de peso) que atrae la atención de uno de ellos. Por desgracia para ella, él la golpea brutalmente a tal grado que la deja casi inconsciente. Veo a los demás rehenes asustados, algunos en el piso, unos cuantos llorando y otros deseando no estar ahí.
Enseguida un séptimo delincuente aparece, se quita el pasamontañas y empieza a agredir a la cajera. A mí me parece reconocerlo de algún otro lado. Sí es él. Es el actor que sale de galán en la telenovela de las nueve. Pero, ¡qué raro verlo hacer esto! Creo que la crisis sí está muy fuerte, porque hasta él llega a estos extremos.
En un instante, veo al galancito tomar bruscamente del cuello a mi amiga para convencer a la cajera que le dé el dinero más rápidamente. La señorita acepta su demanda, pero mi amiga se resiste y muerde la mano del delincuente. Él, sin pensarlo, la avienta al suelo y­­… le dispara.
¡No…! ¡Qué dolor! Esto es un sentimiento terrible e indescriptible que siento cuando veo la sangre de ella derramarse por el piso. No puedo moverme. No sé cómo reaccionar con este hueco que ha surgido en mi pecho. Las lágrimas brotan inevitablemente de mis ojos. Solo pienso en el porqué de esto.
         —¡Esto le pasa al que quiere pasarse de listo! —grita uno de los asaltantes con voz intimidante mientras sus compañeros terminar de saquear el lugar.
         Después del trágico momento, los asaltantes se van sin ningún resentimiento y yo voy a abrazar a mi amiga. Hay un silencio increíble y, sin aviso previo, se oye desde el fondo un ¡Corte!
Mi amiga se levanta, se limpia la sangre y se acerca a mí.
—¿Qué te pareció la escena?
Todo el drama anterior forma parte de una película que está produciendo el papá de mi amiga y él nos permitió participar en esta.
Al final, cuando estamos a punto de salir, un muchacho se acerca y nos dice que somos buenas actrices, sobre todo yo, que sí me dejé llevar por el momento. En ese instante, a mi amiga le llega un mensaje que le informa sobre una fiesta para celebrar el fin de trimestre. Despidiendo al joven, ella me mira para darme a entender que sí iríamos. Tal vez ese sería el momento indicado para decirle lo que siento por ella.

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿Soy ella?


Empieza otro día y yo sigo acostada. Me cubro la cara con las sabanas en cuanto siento que la luz del sol me lástima. Sin más, me levanto de la cama, bostezo un par de veces, me rasco suavemente una posadera y camino por el estrecho pasillo que va del dormitorio hasta la sala. Al llegar ahí, escucho unos pasos que se dirigen hacia mí y giro la cabeza.
—¡Vaya! Hasta que despiertas —me dice con asombro mi mejor amiga mientras se seca el cabello—. Aún hay agua caliente para que  te bañes porque te ves espantosa. 
Normalmente ella es así por las mañanas. Las bromas, y uno que otro cumplido, son parte del entusiasmo que tiene antes de ir a la escuela. Es su manera de comenzar el día.
Antes de seguir, debo mencionar que ya van cuatro semanas que somos compañeras de departamento y, aunque no a sido nada fácil, principalmente por el pago de la renta, nos llevamos tan bien que nos volvimos mejores amigas. Sin embargo, aún siento algo por ella y no me atrevo a decirle porque no sé cómo hacerlo, y que tal si en algún momento me llegan a gustar los hombres. Bueno ya no me preocupo más por eso porque, como dicen por ahí, "la vida sigue".
También quiero añadir que mi hermana y mi mejor amigo saben de mi condición actual, y sí, fue difícil decirles. Ahora, sólo es necesario comentar que en las noches me comunico por red social con mi hermana (por cierto, ella me ayudó desde el principio con su ropa y a demás tranquilizaba a mis padres porque yo no llegaba a la casa), y en cuanto a mi amigo, platicamos cuando lo veo en la escuela o por internet.
Al llegar a la cafetería escolar, nos reunimos con nuestras amigas y platicamos hasta que llega el momento de ir a clase. Ya hasta la tarde nos volvimos a ver para comer y en ese momento mi mejor amiga me menciona que alguien la invitó a salir. Ella no quería ir sola, así que me propuso que la acompañara en una cita doble. Lo que me dijo sí que fue una doble sorpresa: alguien la invita a salir y a mí me consiguen una cita. ¡Vaya situación! La verdad yo no quería aceptar, pero tenía que apoyarla, así que le dije que sí.
Ha pasado una semana y eso quiere decir que esta tarde hay una reunión pendiente. Ella se está arreglando y yo le digo que se ve bien aunque no me lo quiere creer. Entre tanto cambio de ropa le pregunto  ¿quién va a ser mi pareja?, a lo que ella contesta "me dijo él que su amigo te conoce porque estudiaban en la misma preparatoria". Seguramente no lo conozco a él ni a su amigo, pero que más da, sólo falta una hora para reunirse con ellos.
Son las seis de la tarde y ambas vamos al encuentro de ellos. En un instante los vemos y ella se ve emocionada, mientras que yo me mantengo serena. Ellos nos saludan con una sonrisa como de comercial y nos invitan a pasar al cine. Ella me dice susurrando "nada feos, verdad". Por simpatía no digo nada, pero esos ciento veinte minutos se convierten en los más incómodos de mi vida. Al terminar la película, los cuatro salimos del cine y ellos nos van a dejar al departamento. Esa noche de luna llena, mi mejor amiga y yo, nos sentíamos extrañas y confundidas porque ambas terminamos besando a los dos jóvenes. Creo que a mí me tocó un beso francés.


domingo, 8 de marzo de 2015

Ella

El suave sonido de la noche y las luces que pasan sobre mi cara hacen grato el momento. Cada vez está más claro el lugar. Mis ojos están cerrados pero aun así me percato de la luz que entra por la ventana. Todo va bien hasta que un brusco movimiento hace que mi rostro choque con un asiento. "¿Qué pasa?". Resulta que iba dormitando en el autobús, y este frenó inesperadamente, pero eso no es lo peor, sino que al despertarme me doy cuenta de que voy a llegar muy tarde a la escuela. Eso sin mencionar que aún soy mujer. "¿Mujer?". Definitivamente, esto no es un sueño.
Preocupado, llego a la escuela y sigo pensando en lo que pasa, y…
—¿A dónde va, señorita?
Camino sin pensar que me están hablando y me detengo hasta que veo en frente de mí al vigilante que está a la entrada de la universidad.
—Señorita, ¿a dónde va? ¿Trae su credencial? —me dice él aún con paciencia.
Titubeo por un momento sin saber que hacer —la verdad es que no pasó por mi mente que necesito la credencial para entrar, pero ¿de qué me iba a servir si ahora soy mujer?, o al menos que este cuerpo viniera con una identificación, eso hubiera facilitado está situación—. Sin pensarlo más, anoto en la lista de entrada el primer nombre de mujer que se me ocurre seguido de la palabra visitante.
El guardia me ve no muy convencido, pero aun así me dice "adelante" (sinceramente, fue más difícil porque le tuve que dar una guajolota y un jugo). En ese instante me dirijo al salón sin entrar porque ya es muy tarde. En la siguiente clase, a la que sí entro, espero que alguien me reconozca o al menos que me hable, pero eso no pasa. Cuando el profesor se despide sin pasar lista,  dos chicos me preguntan curiosamente algunas cosas: ¿cómo te llamas?, ¿de qué carrera eres porque no te habíamos visto antes?, ¿qué te parece la clase?, ¿tienes clase al rato?, ¿tienes novio?… Con tales preguntas, ¿quién no podía incomodarse y más si a uno le siguen gustando las mujeres?
Ese día sí que fue difícil porque me sentía un completo desconocido, alguien irreconocible para mi familia y amigos; sin embargo, no todo estuvo tan mal ya que tuve la oportunidad de platicar con alguien muy especial, una chica que me gusta desde antes del trágico cambio, que al parecer le agradé como mujer desde ese día. Platicamos el resto de la tarde y me percaté de que compartíamos ciertos gustos. Cuando escucho más de lo que ella me dijo, siento que me estoy enamorando y casi la beso, pero me hace una pregunta a la cual contesto con una mentira, pues aún sigo confundido acerca de quién soy yo. Sin saber cómo, ella me invita a dormir en su departamento para que no regrese muy tarde a mi casa. Su gesto me quita un peso de encima porque no podría regresar como mujer a mi casa. Ahora solo espero que mañana sea un mejor día y esto se arregle pronto.

jueves, 5 de marzo de 2015

Un bemol inesperado en la vida

Aún está oscuro allá afuera. Sólo hay uno que otro gallo cantado anunciado el día, pero ¿cuál día, si todavía está la luna brillando en la fría noche? Sin importar lo  temprano que es, igual tengo que levantarme para ir a la escuela. ¿Qué, otro ruido más? Parece que ahora es turno del despertador porque suena forzándome  a dejar el sueño. No quiero salir de la cama, sino que prefiero seguir durmiendo sin preocuparme del tiempo. Nuevamente se oye aquel ruido molesto e insistente que me hace olvidar mi ilusión de quedarme un rato más a dormir. Ya decidido, o mejor dicho obligado, me pongo de pie diciéndome la misma frase de todos los días: ¡que comience la rutina...!

Reviso la hora y después me dispongo a escuchar la radio con los audífonos. Voy a la cocina, evitando de no hacer mucho ruido para no despertar a mis padres y a mi hermana, aunque mis esfuerzos parecen en vano porque por las escaleras se ve una luz que parece venir de una habitación. Efectivamente, he despertado a alguien, pero no me preocupa tanto,  así que me dirijo a desayunar.

Aún en pijama, voy al baño de la planta baja para lavarme los dientes. La música de la radio parece darle sentido a la búsqueda del cepillo y la pasta dental en la habitación oscura. Por alguna razón no enciendo la luz al estar en el baño.

Al terminar subo las escaleras y me doy cuenta de que la luz del otro baño está encendida. Entro para apagar la luz y en lo que lo hago una figura extraña se refleja en el espejo. La luz está apagada y no vi quién o qué se reflejó; lo común es que yo me hubiera reflejado,  pero no fue así. Con miedo prendo la luz y...

—¡Ah!
—¿Por qué gritas? ¿Todo está bien?
—Sí, mamá. Todo está bien.

¿Pero qué digo, cómo voy a estar bien si ahora soy... mujer?
Hubiera seguido así si no es porque mencionan la hora en la radio. Voy rápidamente a mi habitación y busco ropa para cambiarme, pero toda es de hombre. "Y ¿ahora qué hago?".

Busco en el guardarropa esperando encontrar algo que ponerme, pero no hay nada. Salgo de ahí y voy a la habitación de mi hermana. Sigilosamente entro y noto que ella sigue dormida, pero... ¿Tendrá ropa que me quede? Después de un par de minutos, encuentro algo de ropa, un par de tenis y una mochila tipo bolso. Sin hacer mucho ruido regreso a mi habitación dispuesto a vestirme, aunque sé que resultará difícil.

Me costó bastante arreglarme, pero lo logre; sin embargo, el tiempo no se detuvo y yo, con tal incomodidad de traer ropa ajena, tenía que salir en ese instante rumbo a la escuela sino quería llegar tarde.

Sin avisar a mis padres, salgo de mi casa y me dirijo a la estación de autobuses. Afuera de mi casa todo parece normal y no un sueño, que era lo que yo esperaba. Sin más, tome el bus y durante el viaje me puse a pensar sobre este cambio. Y ¿ahora qué va a pasar?